En tiempos de pandemia hay que darle un respiro a la mente a través de la meditación

Una de las mejores maneras que tienen los seres humanos de conectar con sus emociones es por medio de la respiración. Generalmente es recomendable practicar la meditación en horas de la mañana, aunque puede hacerse en cualquier momento.

En nuestros días, son muchas las personas que llenan sus pensamientos de ideas catastróficas y de sensaciones que son desagradables a causa del avance que mostró la pandemia, aunque no se han dejado de realizar esfuerzos a manía de las autoridades sanitarias.

En medio de este contexto tan complicado, la meditación se hace presente como una herramienta sencilla y muy eficaz con la que podemos darle un respiro a nuestra mente sin tener que salir de casa exponiéndonos a un posible contagio.

¿Qué necesitamos para meditar?

De acuerdo a los maestros budistas y conocedores del tema, lo único que se necesita para meditar es nuestro cuerpo y muchas ganas de comenzar. Hay que dejar a un lado esas ideas de que para meditar se debe contar con determinada orientación religiosa, llevar una túnica, acudir a un templo o estar en medio de un jardín Zen.

Otros piensan que son necesarios ciertos rituales, pero lo que sí es cierto y debe entenderse es que meditar se trata de un acto que es eminentemente humano, como lo es respirar. La recomendación es practicar la meditación por las mañanas, aunque esa no es una limitante, ya que lo que se necesita es estar en presencia.

“Estar en presencia” podría sonar sencillo, pero en ocasiones resulta complicado lograr desconectarnos de todo para concentrarnos en el momento que vivimos. La mayor parte de las veces nos encontramos con una mente ausente. Según un estudio llevado a cabo por la National Science Foundation (NSF) de los Estados Unidos se tienen entre 60.000 y 70.000 pensamientos cada día, de ellos el 80% son negativos como por ejemplo: no valgo la pena, me voy a morir, seguro ya estoy enfermo, qué mal me siento respecto al mundo, mi expareja es terrible, no tuve la vida que quise, entre muchos más.

El peligro de esta “ausencia del presente” radica en que dichos pensamientos podrían tomar el control de nuestra mente, y también de nuestra salud si no hacemos algo como meditar.

De acuerdo a los conocedores de esta práctica milenaria que es la meditación, “Cada pensamiento tiene una frecuencia emocional en nuestro cerebro y activa la amígdala que se ubica dentro del cerebro, impulsando el miedo, el temor, la huida, la necesidad de pelear (…). Es así como nuestro cuerpo se pone en estado de alerta y descarga adrenalina, cortisol. Hay que entender que nuestros pensamientos alteran nuestra química del cuerpo”.

Así mismo, podemos encontrar amplios estudios donde se ha demostrado el impacto que ejerce nuestro pensamiento en nuestra calidad de vida y salud.

“Estudios de epigenética (que mide el impacto de factores externos en nuestros genes) indica que un ambiente o entorno estresado, acompañado de frases negativas, como ‘no soy suficiente’, ‘me voy a morir’, puede incidir significativamente en el ritmo cardiaco, en una mala digestión, en una pobre respuesta inmunológica”, cuando la solución es tan sencilla como practicar la meditación consciente cada día.